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Linux: ¿es útil para programas de creatividad?

Llevo utilizando el sistema operativo GNU/Linux esporádicamente desde 2003 y de manera habitual desde 2014 para tareas que no tienen nada que ver con la creatividad digital. Pero sí que lo he usado alguna vez para probar aplicaciones alternativas a las que podemos usar en sistemas operativos comerciales y el resultado casi siempre dejó algo que desear.

Vamos a ponernos en situación. GNU/Linux es un sistema operativo libre que constituye la alternativa más seria para Windows en los ecosistemas de escritorio que no son de Mac. Este sistema operativo usa el núcleo Linux, que es el corazón o kernel de código abierto y que por si no lo sabías es el más utilizado a nivel mundial en todo tipo de dispositivos: desde lavadoras hasta smartphones con Android, pasando por automóviles, smart TVs, servidores web, routers y un larguísimo etcétera.

Pero la coletilla GNU que se le añade al principio quiere decir que este núcleo Linux tine añadida una serie de aplicaciones básicas para convertirlo en un sistema operativo que pueda correr en un entorno determinado, por ejemplo, un PC. En este caso lo más habitual es encontrarnos con distribuciones de Linux, conocidas como distros, que empaquetan este software e incluso añaden algunos desarrollados por la empresa o comunidad detrás de esa distro para darle un toque diferencial de las otras.

El duopolio de la creativididad

A día de hoy los reyes de la creatividad digital son Adobe con Premiere, After Effects, Photoshop, Illustrator, Lightroom, Indesign y Audition, secuenciadores musicales como ProTools, FL Studio, Ableton Live, suites de ofimática como Microsoft Office y otros editores de vídeo como Avid Media Composer, Vegas Pro o Filmora. La mala noticia es que ninguno de los programas mencionados existen para Linux, sólo para Windows y Mac OS.

Y aquí es donde llega la gran decepción. Salvo honrosas excepciones, como DaVinci Resolve, por lo general estamos hablando de programas desarrollados por una comunidad de programadores sin ánimo de lucro, que dedican su tiempo libre a contribuir en su desarrollo. Esto quiere decir que en la mayoría de los casos no tienen en plantilla a profesionales del diseño gráfico, retoque fotográfico o edición de vídeo que estén cobrando por hacer que estos programas tengan todas las funciones que necesitan y de la manera más accesible posible.

Asimismo, las grandes empresas de desarrollo de aplicaciones creativas no están interesadas en llevar sus programas al entorno GNU/Linux, quién sabe si porque tienen detrás a los Microsoft y Apple de turno bombeándoles dinerito para mantener la exclusividad con sus sistemas o porque tienen una cantidad tan ingente de código escrito que portarlo a Linux sería una pesadilla interminable, o porque ven que este esfuerzo no vale la pena porque el futuro en sistemas operativos está en la nube, o todo a la vez, qué sé yo.

Pero lo cierto es que a día de hoy, una gran parte del ámbito profesional jamás va a querer pasarse a Linux porque ni Adobe ni los demás gigantes creativos desarrollan para este sistema. ¿Entonces qué hacemos? Si no te dedicas de manera profesional a la creatividad digital sí que es posible disponer de un ecosistema de aplicaciones tanto comerciales como gratuitas para editar y crear vídeo, imagen y sonido.

He instalado la última versión de la que a mi juicio es la mejor distro de Linux que hay para creativos, Ubuntu Studio, para ver cuáles son esas alternativas y ayudarte a tomar una decisión sobre si vale la pena realmente adentrarse en la interesantísima vía del software libre.

1. Imagen

Las tres necesidades básicas para trabajar con imagen son revelado y retoque fotográfico, edición de gráficos rasterizados y creación y edición de gráficos vectoriales. Respectivamente, las mejores alternativas de código abierto para esto son Darktable, GIMP e Inkscape. Estos programas son compatibles con GNU/Linux y, como muchos otros programas de creatividad, vienen ya preinstalados en Ubuntu Studio.

¿Son alternativas válidas a la todopoderosa Adobe? Salvo alguna excepción, como mi adorado Darktable, a poco que quieras hacer algo mínimamente avanzado con GIMP o Inkscape sólo vas a tener dolores de cabeza, o al menos es lo que me pasa a mí. Pero si no tienes ninguna aspiración profesional y lo haces como un hobby, échale un vistazo porque son maneras de trabajar diferentes y en muchas ocasiones conseguirás resultados muy pero que muy decentes.

2. Sonido

Aquí contamos con un gran aliado, y es Audacity, mi editor de audio favorito. Audacity es compatible con Linux y podrás hacer todo lo que explico en mi curso gratuito y mucho más instalándolo en este sistema.

Pero, aparte de la edición, el otro gran mercado del sonido es la producción musical. Aquí las vacas sagradas del software comercial son Pro Tools para la secuenciación de sonido y FL Studio y Ableton Live para producción musical con sintetizadores e instrumentos virtuales. ¿Existen alternativas libres? Sí que las hay.

Por ejemplo, hay alternativas a ProTools como Ardour, que viene ya preinstalada en Ubuntu Studio, o Reaper, un secuenciador disponible también para Linux que cuesta solo 60 dólares sin suscripción. Ambas funcionan muy bien para hacer las tareas de grabación y secuenciación, es decir, ordenar piezas de sonido en una línea de tiempo.

Para la producción musical pura y dura tenemos alternativas a los ya mencionados FL Studio y Ableton Live. Por ejemplo, mi favorita, LMMS. Me gusta mucho esta alternativa libre y gratuita porque es muy parecida a FL Studio, así que si vienes de esta aplicación no te resultará muy traumático el cambio. Pero para cosas muy avanzadas lo vas a echar mucho de menos.

La verdad es que en lo que respecta a la producción musical el hueco entre sistemas comerciales y de código abierto a mi juicio no es tan difícil de salvar, pero volvemos a lo mismo, hay cosas que están mucho más finas en las alternativas más utilizadas y, cuando eres un profesional, salirte de Pro Tools o de FL Studio conlleva muchos dolores de cabeza que es mejor ahorrarse.

3. Vídeo

Aquí llegamos a la gran alegría, y es que DaVinci Resolve está disponible para Linux. Esto es una excelente noticia porque quiere decir que técnicamente es posible crear una estación de trabajo de edición de vídeo, composición de efectos visuales y de ajuste de color completamente profesional usando Linux y DaVinci Resolve.

Pero hay una gran diferencia respecto a la versión de Windows y Mac y es que, por un problema de licencia (según Blackmagic Design), solo ofrecen soporte para el códec h264 en la versión Studio, que también funciona en Linux. La otra peculiaridad que tiene es que, oficialmente, el programa está compilado sólo para la distro CentOS, aunque existe un script, llamado Makeresolvedeb, para convertirlo a paquetes compatibles con distros basadas en Debian.

Existen otras alternativas muy válidas, como Shotcut y KDEnlive para editores de vídeo amateur o Lightworks también para entornos profesionales. Pero si yo tuviera que decidirme por uno, sin duda es por DaVinci Resolve.

Esto es genial, sí. Lo que es el manejo de las aplicaciones es muy bonito. Podemos tener un ecosistema alternativo a Windows con muchas aplicaciones de código abierto y/o gratuitas. Esto es maravilloso, pero el gran escollo a mi juicio para manejarlos es… hacerlas funcionar.

La tortura de configurar Linux

Te pongo un ejemplo. Para instalar DaVinci Resolve, si tenemos una gráfica de Nvidia, necesitamos los drivers oficiales o los Nouveau en nuestro sistema operativo. Los oficiales no son de código abierto, aunque son muy recomendables si quieres sacar todo el jugo a Linux. Instalarlos es complicado y puede echar para atrás a principiantes, pero la próxima versión de Ubuntu, la 19.10, los traerá incluidos para instalarlos, así que es una noticia positiva.

Lo que pasa es que, además del driver de Nvidia, para ejecutar Resolve necesitamos instalar OpenCL y para esto hay que tirar de la línea de comandos. Luego, si te has saltado algún paso de este proceso puede que ni se ejecute la aplicación, o que sea inestable o incluso provocar problemas en el sistema operativo.

Por otra parte, todo ese hardware que funciona tan bien en Windows puede que en Linux no lo haga tan bien y necesitemos instalar a mano los controladores. También he tenido que bregar con aplicaciones que se duplican al instalar actualizaciones a través de Flathub (una especia de Play Store para Linux), el ratón que dejaba de hacer clic en algunos momentos, menús del sistema operativo que no están traducidos, pequeñas incoherencias visuales en la interfaz de usuario… Todos estos pequeños detalles van acumulándose y crean una frustración en el usuario primerizo que va a desear volver a Windows o a Mac más pronto que tarde.

Y esto me da rabia porque, como sistema operativo, Linux le da 25 mil vueltas a Windows, es mucho más seguro, robusto y endiabladamente rápido en el tratamiento de archivos y gestionando peticiones del hardware, así que Linux siempre es el sistema elegido cuando se necesita potencia bruta de computación.

Por eso, Linux, en mi opinión, es un sistema operativo que encaja perfectamente en entornos controlados. Cuando digo controlado me refiero por ejemplo a un smartphone, al que no le podemos cambiar ningún componente, o a un servidor web, que tiene una configuración de hardware sencilla y bien probada para este cometido.

Pero cuando tenemos un monstruo de Frankenstein como es un PC, es mucho más complicado hacer que todos los componentes se entiendan a la perfección usando Linux. Además, cuando se trata de hacer trabajos creativos, la falta de opciones de los grandes exponentes comerciales y la complicada puesta a punto del sistema operativo hacen que casi ningún creativo profesional sin conocimientos avanzados de Linux quiera usar este sistema.

Me gustaría pensar que esto irá cambiando en el futuro, pero mi pronóstico es que, antes de que veamos, por ejemplo, un Photoshop corriendo en Linux, estaremos accediendo desde nuestro navegador a un Photoshop en la nube. Eso sin duda solucionará de un plumazo muchísimos problemas y harán que la elección de sistema operativo sea algo secundario, pero aún quedan años para que eso ocurra.

Mientras tanto, Linux tiene aún muchos frentes abiertos para penetrar en el mercado del usuario de a pie en escritorio. Me atrevo a decir que muchos de los impedimentos mencionados son debidos, en gran medida, a la infinita fragmentación de la comunidad que lo apoya. Existen decenas de distros, entornos gráficos y aplicaciones que hacen una sola cosa. ¿Por qué no aunar esfuerzos para batir a tus contrincantes? Todos saldríamos ganando en la cruzada de acabar con el duopolio Windows/Mac OS.

09/09/2019

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